Un condoro de proporciones casi mata a tres pitufines que llegaron a realizarse un electroencefalograma al Hospital Dr. Luis Calvo Mackenna. Y es que en vez de inyectárseles hidrato de cloral, un sedante leve, se les aplicó morfina.
La cosa no pasó a mayores porque los funcionarios se dieron cuenta y rápidamente se les aplicó un antídoto, lo que permitió que la guagua de cinco meses y los dos pitufines de un año, siguieran vivos.
Para el director del hospital, doctor Osvaldo Artaza, todo se debió a "una falla en el proceso".
- ¿Acaso los remedios no vienen rotulados como para confundir la morfina con el hidrato de cloral?
- Lo que pasa es que nosotros desde hace siete años trabajamos armando las dosis fuera del pabellón. Así, antes de aplicarse llegan rotuladas con el nombre de cada paciente.
- Así fue como se confundieron.
- Claro, pero quienes prepararon las inyecciones fueron quienes avisaron que había un error, por lo que pudimos aplicarles a los niños el antídoto inmediatamente.
- ¿Se abrirá un sumario?
- Claro que sí se va a investigar, pero quiero dejar en claro que nosotros no trabajamos con la política del miedo, porque es peor. Si la gente temiera perder su empleo no habrían avisado del error.
- ¿Cuán grave es inyectarle morfina a una guagua?
- Grave, igual que una sobredosis en un adulto. Pero es grave desde el momento en que no se está preparado para reaccionar ante efectos adversos y nosotros sí lo estuvimos.
Los papás de los menores fueron avisados inmediatamente del condoro que se había cometido, por lo que tras ser estabilizados, dos de los pitufines fueron llevados a otros centros asistenciales (Hospital Roberto del Río y Clínica San Carlos).
Sobre ofrecerle disculpas a las familias, Artaza dijo que "a ellos les interesa más saber cómo están sus hijos que escuchar disculpas".