La cubana que llevó a la Duco a una final olímpica ayer se nos fue por un paro cardiorrespiratorio. Amada en la isla, por ser una gloria de la jabalina, sus últimas días los vivió desconsolada por el doping que manchó las carreras de su Naty y de ella misma.
Honesta y corta de genio, Dulce Margarita García apenas llegó a Chile dijo sin pelos en la lengua que no podía creer que el nivel de los deportistas nacionales fuera tan penca. "Los lanzamientos y el atletismo en general acá son bastante deficientes", dijo en ese mayo del 2004.
Y claro. Si la cubana venía de otro planeta. De hecho, con 16 años ya era campeona del mundo juvenil en el lanzamiento de la jabalina, una especialidad donde los atletas comunes y corrientes tiran 60 metros, pero en en Chile apenas llegaban a los 40. Y con suerte.
Lo más seguro es que Dulce haya querido salir arrancando de vuelta a Puerto Padre, su pueblo natal que abandonó a los 12 para irse a pulir a La Habana. Pero el destino quiso otra cosa, y un día cualquiera, mientras entrenaba en Playa Ancha, la isleña conoció a Natalia Duco y otra historia comenzó a escribirse para bien y también para mal.
En soledad
Estas líneas no serían posibles si ayer, en el silencio de su departamento, Dulce Margarita no hubiese sido encontrada muerta. Un paro cardiorrespiratorio, según las primeras informaciones, acabó con la vida de quien fuera escogida hace tres calendarios como una de las "Glorias del Deporte Cubano".
Desde que la Duco fuera suspendida por el consumo de una hormona del crecimiento, la relación con la mujer que la llevó a lanzar los 18,80 metros en los Juegos Olímpicos de Londres se enfrió. Y de Dulce, la quinta mejor jabalista en la cita de los anillos de Barcelona, poco y nada se supo a nivel mediático.
Según su círculo más cercano, ella nunca se tragó el doping que manchó la carrera tanto de la Duco como la de ella. Es más, en las murallas de su departamento se le oía quejarse de que todo se trató de una persecusión, porque siempre dijo las cosas por su nombre, cosa que a las autoridades del deporte no le hacía gracia.
En silencio, ayer se fue Dulce Margarita. Tenía 54 años y la esperanza intacta de levantar las carreras de las jabalinistas María Paz Ríos y Carolina García. Era un hambre de gloria, pero nunca la plata. De hecho, siempre decía que "pese a todos los problemas que tenemos, en mi país todavía hay felicidad. En Chile sólo importa el dinero".