Falleció a mediados de los años 70 y su espíritu se quedó en la “Perla del norte”.
Era el apogeo de la revolución pingüina, el Colegio Providencia de Antofagasta no fue la excepción en sumarse a las movilizaciones estudiantiles que recorrían el país. Las aulas vacías dieron paso a una toma liderada por estudiantes de primero a cuarto medio, quienes decidieron permanecer en el lugar día y noche.
El despertar de un fantasma guardián
Lo que comenzó como una acción de lucha y resistencia pronto se vio envuelto en un misterio inquietante.
Durante las noches, mientras los estudiantes dormían en los pasillos y salas, empezaron a sentir la presencia de algo que no podían explicar. Una sombra comenzó a recorrer los rincones del colegio, desatando temor y desconcierto.
El Colegio Providencia, uno de los establecimientos más antiguos de Antofagasta, lleva consigo una larga tradición educativa bajo la tutela de la congregación religiosa que le da nombre. Entre sus figuras más recordadas está la hermana Febronia Araneda, una mujer de carácter estricto pero corazón noble, que dedicó casi tres décadas de su vida a la enseñanza.
Tras jubilarse, se trasladó a Santiago, donde falleció años después. Sin embargo, quienes la conocieron aseguran que su espíritu nunca abandonó el colegio.
Los paseos de la hermana Febronia

Desde hace décadas, es común escuchar sobre sus historias en el segundo piso del edificio, lugar que albergaba su oficina.
Muchos dicen que su silueta, de apenas 1,50 metros, levita unos centímetros sobre el suelo mientras recorre los pasillos en las noches. Cuando aparece, el aire se enfría y su sombra se proyecta en las paredes. Un espectáculo que, aunque perturbador para algunos, ha terminado por volverse parte de las leyendas del colegio.
Durante la toma estudiantil, las apariciones se intensificaron y los alumnos contaron que sentían cómo ella tocaba puertas y ventanas, o que encendía equipos electrónicos sin razón aparente. Pero, a diferencia de otros espectros, el de la hermana Febronia no genera miedo permanente.
La protectora del Providencia
Se ha transmitido entre alumnos y profesores la idea de que ella cuida el colegio, como si aún cumpliera su rol de guardiana.
Muchos se atreven incluso a hablarle cuando perciben su presencia, pidiéndole que descanse o que calme sus bromas nocturnas.
Dicen que su espíritu, lejos de ser una amenaza, purifica el espacio escolar y mantiene viva la conexión con su historia.
Aunque han pasado décadas desde su fallecimiento en los años 70, la figura de la hermana Febronia sigue siendo un símbolo en el colegio, recordada con cariño y respeto por quienes aún sienten que ella los acompaña desde el más allá.